sábado, 15 de febrero de 2020

LA DIGNIDAD DE LOS INDÍGENAS (1/2)

No son salvajes «incivilizados»


En la Ex ap “Querida Amazonia” (QA, 2020) Francisco escribe que “los distintos grupos, en una síntesis vital con su entorno, desarrollan un modo propio de sabiduría. Quienes observamos desde afuera deberíamos evitar generalizaciones injustas, discursos simplistas o conclusiones hechas sólo a partir de nuestras propias estructuras mentales y experiencias” (QA, 32).Hay que evitar entenderlos como salvajes «incivilizados»”. (QA, 29).

Los distintos pueblos originarios (…) son los principales interlocutores, de los cuales ante todo tenemos que aprender, a quienes tenemos que escuchar por un deber de justicia, y a quienes debemos pedir permiso para poder presentar nuestras propuestas” (QA, 26).

Ya mi predecesor, Benedicto XVI, denunciaba «la devastación ambiental de la Amazonia y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones»” (QA, 12). “Es necesario indignarse, como se indignaba Moisés (cf. Ex 11, 8), como se indignaba Jesús (cf. Mc 3, 5), como Dios se indigna ante la injusticia (cf. Am 2, 4-8; 5, 7-12; Sal 106, 40). No es sano que nos habituemos al mal, no nos hace bien permitir que nos anestesien la conciencia social” (QA, 15).

Fray Bartolomé de Las Casas decía que el exterminio de indios hizo decaer la población de Haití desde 3 millones a 14.000 personas. L. Hertling dice, respecto a todo el Continente, que siendo tan pocos nativos para tanto territorio, no se justifica que los indios tuviesen derecho a considerarse propietarios ni que los europeos sean considerados invasores.

La evangelización del “nuevo mundo” fue un adoctrinamiento de los infieles que legitimaba la conquista por las armas, tesis de las autoridades civiles y de la inmensa mayoría de eclesiásticos. El humanista Juan Ginés de Sepúlveda en 1511 justificaba la conquista española por la superioridad de su civilización europea cristiana y defendía que las guerras contra los indios eran justas e incluso imprescindibles y preliminares para la evangelización. Aplicaba la doctrina aristotélica que en su “Política” dice que los hombres bárbaros e incultos habían nacido para ser siervos de los dotados de razón. De todos modos esta tesis racista, que llevó a pintar exageradamente las costumbres aborígenes y a meterlas todas en un mismo saco de podredumbre, no fue aceptada lógicamente por todos.

La defensa de la dignidad de los indígenas llegó hasta Roma, donde el papa Paulo III (1537) proclamó en una Bula que los indios americanos eran seres racionales y por tanto podían disponer libremente de sí mismos y de sus personas. En esta línea estaba la Escuela de Salamanca. En los siglos anteriores se tenía la idea clara de que los nativos africanos de piel negra no eran humanos pues no tenían alma, tesis que se utilizó para analizar y decidir acerca de los nuevos nativos americanos, llamados indios y de piel aceituna.

En 1541, fray Bartolomé de las Casas, en presencia de Carlos V, defendió que las conquistas españolas en el Nuevo Mundo eran “invasiones violentas de crueles tiranos, condenadas no sólo por la ley de Dios sino por todas las leyes humanas”.

Por lo que enseña la historia se supone que Francisco escriba que “nos alienta recordar que (…) muchos misioneros llegaron allí con el Evangelio (…) no todos fueron ejemplares, pero la tarea de los que se mantuvieron fieles al Evangelio también inspiró «una legislación como las Leyes de Indias que protegían la dignidad de los indígenas contra los atropellos de sus pueblos y territorios»” (QA, 18).

De todos modos, siempre hay luces y sombras pues es así la realidad real. Cristóbal Colón, ya en 1497, impuso en La Española a los indígenas la obligación de trabajar para su beneficio agrícola y en los placeres auríferos, lo cual degeneró en flagrantes abusos. Los primeros colonos no aceptaban esta política que Cristóbal y su hermano Bartolomé imponían a favor de sus privilegios y de la Corona.

El dominico fray Antonio de Montesinos, en una homilía de Adviento de 1511, en la iglesia de Santo Domingo, se expresó en términos muy duros contra los abusos. Fernando de Aragón creía que los dominicos incitaban a los colonos a la rebeldía. Cisneros, como moralista comprendía las razones de los misioneros pero como estadista estaba obligado a ser “realista” y no querer acabar con ello de un plumazo, sino con un plan gradual a cierto plazo, encargado a los frailes jerónimos que no estaban enredados en las querellas que enfrentaban a las órdenes mendicantes. Fray B. de Las Casas decía que las encomiendas eran ilegales y que los indios encomendados servían para trabajar la labranza, las minas y los servicios domésticos.

La reina Isabel de Castilla el 20-XII-1503 publicaba una Real Provisión al Gobernador General de las Indias (Nicolás de Ovando) para que repartiera todos los indios en La Española por un bienio o trienio. La razón era ayudarles a quitar la holgazanería y enseñarles civilización; que trabajasen con alguien que les vigilara mientras  el hispano se quedaba con el producto del trabajo indígena.

El indio encomendado era un débil jurídicamente y debía acudir al encomendador; en cambio el indio libre tenía plena capacidad jurídica y eso era el ideal de muchos teólogos y moralistas. El papa Paulo III en el Breve de 1537 declaraba a los indios personas libres y capaces de derecho. La primera experiencia de dar libertad a indios fue en 1520 pero serían los Decretos de 1718-21 los que suprimieron las encomiendas a medida que fueron muriendo los tenedores.

En el s. XVI Felipe II sistematizó la acción evangelizadora con el papado y así las órdenes religiosas encontraron el campo marcado y regado por lo que la expansión del cristianismo europeo fue muy rápida: Nueva España, Perú, Nueva Granada, Venezuela, Chile, Paraguay y Antillas. Ingresaron en la Iglesia varios millones de indígenas. Clemente VII en 1530 creó el obispado de México (sufragáneo de Sevilla) con su primer obispo vasco fray Juan de Zumárraga que en el Capítulo general de su Orden en 1527, dijo haber bautizado a 250.000 indios, haber despedazado 20.000 ídolos y haber destruido más de 500 templos paganos. En 1524 llegaba Hernán Cortés con el mercedario P. Olmedo y dos franciscanos de Flandes que le acompañaron en la malograda expedición de Honduras y más tarde fueron llegando muchos más evangelizadores de otras órdenes (dominicos, agustinos, SJ,...).

En el siglo XVIII, la mayoría indígena era católica y en la visita ad limina a Roma el obispo contó que tenía 5 parroquias para españoles y 6 para indios; 351 monasterios y unos 2500 frailes (1218 franciscanos + 527 dominicos + 651 agustinos); habían bautizado a millones de nativos. Luego se sufrió allí lo que pasó en España con el regalismo y la expulsión de los SJ (1767-68), con los roces con Roma y la aparición de los movimientos anticatólicos de la Ilustración, a la vez que ocurría la Independencia de USA y la Revolución francesa que perturbaron la paz social.

Juan Pablo II en la Ex ap post sinodal “La Iglesia en América” (Ecclesia in America, EinAm, 1999) dijo que «La Iglesia, ya a las puertas del tercer milenio cristiano y en unos tiempos en que han caído muchas barreras y fronteras ideológicas, siente como un deber ineludible unir espiritualmente aún más a todos los pueblos que forman este gran Continente y, a la vez impulsar un espíritu solidario entre todos ellos».

A la luz de la doctrina social de la Iglesia se aprecia la gravedad de «los pecados sociales que claman al cielo, porque generan violencia, rompen la paz y la armonía entre las comunidades de una misma nación, entre las naciones y entre las diversas partes del Continente». Entre estos pecados se deben recordar” y se entretiene en un largo listado.

“Es preciso que la Iglesia en América ilumine (…) animando a los ciudadanos (…) El amor por los pobres ha de ser preferencial, pero no excluyente. Es necesario evangelizar a los dirigentes, hombres y mujeres, con renovado ardor y nuevos métodos”.

Son las mismas ideas de Benedicto XVI, de Francisco y suyas en las otras ex ap post sinodales referentes a Europa, África y Asia aunque con palabras a veces algo diferentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario