En Cuba
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Cuando yo llegué a la Juana, seguí yo la costa de ella al poniente, y la fallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo (…) La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen”.
Cuando Colón llegó a Santo Domingo quizá la población nativa era de unos 200 ó 300 mil y en 1548 el Gobernador Oviedo dudaba que quedaran 5 mil. En Jamaica eran unos 60 mil y en 1611 apenas 600. La población de Puerto Rico fue masacrada por la sublevación del cacique Guaynabá en 1511.
En el golfo de México


Su religión actual es una espiritualidad propia con un sincretismo entre las diversas creencias caribeñas y el cristianismo ibérico medieval. Los curanderos y brujos entienden a la vez de las celebraciones en honor de los santos y de las imágenes antiguas. En su mitología creían en un héroe civilizador que les enseñó a cultivar el maíz. El trueno era el dios Atksini y lo asocian al apóstol Santiago. A la Virgen María la vinculan con el agua de pozos y manantiales. A finales de los 70 se fundaron templos pentecostales y su doctrina tiene buena aceptación.
Al sur, en el valle de Oaxaca, moraban los zapotecas, politeístas y animistas, que creían en una pareja divina suprema y tenían el centro religioso de Monte Albán que en el 800-1200 dC fue ocupado por los mixtecas. Viendo que los aztecas eran derrotados por los españoles, no quisieron enfrentarse a los llegados pero éstos fueron a por ellos en 1522 y 27. Hoy día la población no llega a ser de 500 mil, la mayoría es católica aunque con cosas propias. Se dice que Benito Juárez ha sido hasta ahora el mejor presidente que ha tenido México y era zapoteca.
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lago de Chapala |
Al sureste, hacia Honduras hay parecidos con los del sur pero los americanistas quieren verlos como algo propio, divididos en dos áreas:
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Mujeres salvadoreñas |
Al norte de Costa Rica los chorotegas quizá llegaron en el 595 dC. Vivían el canibalismo, regaban con sangre fresca las mazorcas de maíz y tenían fiestas orgiásticas tirando a doncellas al cráter del volcán de Masaya. En Nicaragua se asentaron en la vertiente del Pacífico.
Sus vecinos, los nicaraos, que parece que dan nombre a Nicaragua, creían en un diluvio, en el alma incorpórea y en un desigual destino para los difuntos: los sacrificados iban al cielo; los de muerte natural iban a los infiernos. Nicarao era el rey de la tribu junto al lago Cocibolca al llegar los españoles, al mando de Gil González Dávila en 1523. Acogieron fácilmente el bautismo cristiano pero el siguiente rey, Diriangen, se dedicó a atacar a los españoles por lo que tuvieron que retirarse.
En Cuba
En Cuba los españoles encontraron en trance de extinción a los guanjatabeyes que moraban en el levante. Eran los más primitivos que vivían en cavernas y se alimentaban de raíces, frutas, cangrejos e insectos. Parece que llegaron a la isla en el 5.000 aC desde el sur pero los paleontólogos van cambiando la fecha y el origen según los rastros que encuentran.

El 13 de mayo de 1516, arribaron dos carabelas, el “Osado” y el “Ave María”; el “Osado, de Sevilla, traía 66 hombres, mujeres y niños a los que se les puede considerar los primeros colonizadores. Las carabelas traían armas, ropa, útiles de labranza, semillas, aceite, velas, jabón, harina, ganado vacuno y caballar, y otros artículos para comerciar. Pronto los españoles se dieron cuenta que les faltaba agua fresca y pasto para el ganado, y que la tierra era caliza y estéril. Así decidieron mudar la villa e ir al cacicazgo de Caunao, dejando atrás nueve hombres armados para proteger los edificios abandonados y para que sirvieran de correo entre la costa y la nueva villa. Eran 51 hombres, 23 mujeres, 16 niños, y 7 niñas. Había sólo 15 parejas casadas y con hijos.
En Caunao los españoles se apropiaron de los mejores bohíos, y haciendo uso de sus armas superiores, Diego de Ovando comenzó a repartir a los “indios” entre los vecinos de la villa en las famosas encomiendas. Al encomendero, a cambio de convertir a los “indios” al catolicismo, se le otorgaba control absoluto sobre sus vidas. Unos 3.000 siboneyes fueron distribuidos, entre 100 a 300 “indios” por vecino, según el linaje y posición de cada vecino.
Pero la mayoría eran taínos que usaban los fetiches. De cultura superior a los siboneyes con los que convivían en paz, cuentan los españoles, pues les tenían sometidos. Quizá eran araucanos llegados después del primer milenio cristiano. Desde la parte oriental se extendieron hacia La Habana. Jugaban a una especie de beisbol, el cacique vivía con sus esposas en el caney rectangular y con ventanas. Los demás vivían en casas redondas (bohíos) y dormían en hamacas. Construían “pateras” para unas 50 personas, canoas de tronco de ceiba.
En las islas menores estaban los canibas que Colón llamaba calibas (luego se generalizó lo de caníbal = antropófago) que creen en un Creador y Padre común.
Al llegar los españoles había decenas de cacicazgos con miles de personas en cada uno, a mediados del siglo XVI quedaba un tercio de la población y al finalizar el XVII ya no quedaba prácticamente ninguno. Fue la crueldad con que fueron tratados como esclavos y las epidemias.
Alonso de Ojeda y los primeros conquistadores de Cuba pretendían imponerse a los “indios”. Éstos los repulsaron y los españoles tuvieron que huir atravesando montes y ciénagas para salvar sus vidas. Así llegaron al poblado “indio” de Cueiba en la zona de Jobabo. Los “indios” al verlos en tan mal estado tuvieron compasión de ellos y les auxiliaron. En agradecimiento Alonso Ojeda construyó una pequeña ermita con ramas de árboles que luego será el santuario de la Virgen del Cobre. En 2012 celebran el 400 aniv., preparado con un trienio. Ojeda enseñó a los “indios” a rezar el "Ave María" y aquella expresión se propagó tan rápido que más tarde Cuba se llegó a conocer como la isla del "Ave María". La ermita la cuidaron los "indios" con mucho esmero y así la encontró el P. Las Casas cuando llegó al poblado de Cueibá. Fue en el Cobre, en 1801, donde los mineros, alentados por el P. Alejandro Ascanio, obtuvieron la libertad por Real Cédula del 7 de abril.
En Caunao los españoles se apropiaron de los mejores bohíos, y haciendo uso de sus armas superiores, Diego de Ovando comenzó a repartir a los “indios” entre los vecinos de la villa en las famosas encomiendas. Al encomendero, a cambio de convertir a los “indios” al catolicismo, se le otorgaba control absoluto sobre sus vidas. Unos 3.000 siboneyes fueron distribuidos, entre 100 a 300 “indios” por vecino, según el linaje y posición de cada vecino.
Pero la mayoría eran taínos que usaban los fetiches. De cultura superior a los siboneyes con los que convivían en paz, cuentan los españoles, pues les tenían sometidos. Quizá eran araucanos llegados después del primer milenio cristiano. Desde la parte oriental se extendieron hacia La Habana. Jugaban a una especie de beisbol, el cacique vivía con sus esposas en el caney rectangular y con ventanas. Los demás vivían en casas redondas (bohíos) y dormían en hamacas. Construían “pateras” para unas 50 personas, canoas de tronco de ceiba.
En las islas menores estaban los canibas que Colón llamaba calibas (luego se generalizó lo de caníbal = antropófago) que creen en un Creador y Padre común.
Al llegar los españoles había decenas de cacicazgos con miles de personas en cada uno, a mediados del siglo XVI quedaba un tercio de la población y al finalizar el XVII ya no quedaba prácticamente ninguno. Fue la crueldad con que fueron tratados como esclavos y las epidemias.
Alonso de Ojeda y los primeros conquistadores de Cuba pretendían imponerse a los “indios”. Éstos los repulsaron y los españoles tuvieron que huir atravesando montes y ciénagas para salvar sus vidas. Así llegaron al poblado “indio” de Cueiba en la zona de Jobabo. Los “indios” al verlos en tan mal estado tuvieron compasión de ellos y les auxiliaron. En agradecimiento Alonso Ojeda construyó una pequeña ermita con ramas de árboles que luego será el santuario de la Virgen del Cobre. En 2012 celebran el 400 aniv., preparado con un trienio. Ojeda enseñó a los “indios” a rezar el "Ave María" y aquella expresión se propagó tan rápido que más tarde Cuba se llegó a conocer como la isla del "Ave María". La ermita la cuidaron los "indios" con mucho esmero y así la encontró el P. Las Casas cuando llegó al poblado de Cueibá. Fue en el Cobre, en 1801, donde los mineros, alentados por el P. Alejandro Ascanio, obtuvieron la libertad por Real Cédula del 7 de abril.
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