El shintoísmo
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En el último Concilio, la Iglesia declara que “ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces también el conocimiento de la suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con un íntimo sentido religioso. Las religiones al tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con lenguaje más elaborado (…) por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados” (Nostra aetate, 2).
La idea la recoge Juan Pablo II en su Encíclica “Fe y razón” para impulsar el propósito conciliar y ayudar a ir haciéndolo vida de cada cristiano: “Una simple mirada a la historia antigua, muestra con claridad cómo en distintas partes de la tierra, marcadas por culturas diferentes, brotan al mismo tiempo las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido de la existencia humana (...) Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos sagrados de Israel, pero aparecen también en los Vedas y en los Avestas; las encontramos en los escritos de Confucio y Lao-Tse y en la predicación de los Tirthankara y de Buda… Son preguntas que tienen su origen común en la necesidad de sentido que desde siempre acucia al corazón del hombre" (Fides et ratio, 1).
El confucionismo

En s. III aC la “escuela de los letrados” dejó el confucionismo en un pragmatismo absoluto, con un exagerado ceremonial y con un estrecho dogmatismo intolerante. Después el emperador She Huang-ti (221 aC) mandó quemar todos sus escritos. Siglos más tarde han seguido cambiando y ajustando su ética: Wang-Ch'ung (27-97 dC), estoico y satírico, creó un confucionismo independiente; coincide en el tiempo con el naciente cristianismo.

Han-Yu (768-823) dio su toque personal. La Escuela “Cinco Maestros” del siglo XI volvió a defender, como Confucio, la bondad natural coincidiendo con el surgir de los dominicos en el cristianismo europeo. Chu-Hi (1130-1200) le dio toque taoísta y budista. Wang-Yang-Ming (1472-1529) añadió en sus enseñanzas el carácter divino de la naturaleza humana mientras en el cristianismo se busca subrayar el carácter humano de lo divino un tanto descuidado anteriormente.
Confucio era un chico estudioso que se casó a los 19 años pero su obsesión no era el hogar ni la profesión, sino educar a los jóvenes para la vida y para la política. Se reconocía un hombre normal, que se equivocaba como todo mortal, y no quería fundar ninguna religión: aceptó la de sus antepasados aunque subrayando algunos puntos que le parecían fundamentales. ¡Cuánto se echan de menos personas así! El mismo lo decía: “Yo he transmitido lo que me fue enseñado sin añadir nada por mi cuenta. He sido fiel a los antiguos y les he mostrado mi amor”. Se le tributaron honores siglos después de su muerte, considerándolo como si fuera un dios. Fue un sabio que ha influido incluso fuera de sus fronteras hasta que los dirigentes chinos comunistas lo tacharon de feudalista y autócrata y castigaron severamente su lectura y su veneración. El gobierno posterior a Mao, aperturista y occidentalizante, a las puertas del dos mil, decidió volver a enseñar su doctrina en las escuelas como para llenar el vacío marxista y construir la sociedad del tercer milenio.

Su doctrina encaja perfectamente en la conocida frase “Lo que no quieras para ti, no se lo hagas a los demás” y tiene cinco principios inquebrantables: La relación de justicia entre príncipe y súbditos; la relación de amor mutuo entre padres e hijos; cumplimiento de los deberes entre el hombre y la mujer; observar las normas del buen comportamiento basadas en la edad (ancianos-jóvenes) y la relación de lealtad entre los amigos. ¡Qué buen programa para una asignatura de Educación para la ciudadanía!
El shintoísmo
Cerca de 67 millones de asiáticos - especialmente japoneses - profesan esta creencia, que no es considerada exactamente como una religión, ya que cristianos y budistas aceptan la coexistencia en una misma persona del budismo o cristianismo con el shintoísmo. Es más bien una amalgama de creencias y ritos ancestrales para adorar a las fuerzas sobrenaturales (kami).

Las fuerzas sobrenaturales (kami), superiores al hombre, están manifestadas en la Naturaleza (árboles, montañas, animales, etc.); suelen ser favorables y se les invoca para obtener mejores cosechas. Los kamikazes existieron en la 2GM y se llamó así a los kami (dios) y kaze (viento), o sea “viento divino” o “aliento de los dioses”, recuperando la palabra aplicada al tifón del siglo XII que arrasó la flota mongola que pretendía invadir las islas.
Su principio fundamental es el respeto y lealtad al Emperador de Japón y a los grandes antepasados imperiales y la reverencia a los espíritus o memoria de los grandes personajes del pasado histórico o familiar. Existe comunión con los muertos y deseo de agradarlos y complacerlos. Como mantiene muy unidos los vínculos del pasado con el presente, su símbolo es el "sakiki", árbol siempre verde, que nunca muere ni languidece. No utilizan imágenes ni sermones, carecen de congregaciones y rechazan el culto a la vida prenatal y a la eternidad después de la muerte. Aunque no hablan de pecado ni virtud, cultivan una exagerada limpieza corporal.
En el siglo III, el linaje Yamoto logró superioridad sobre otras familias y fue reconocido como jefe supremo (soberano) por parte de China, a cambio de pagar tributos. Así iniciaron el dominio territorial e implantaron una ideología que sustentase su supremacía. Se decían descendientes del primer emperador japonés Yimmu Tenno, emparentado con los dioses y situado en el 660 aC.
A lo largo de los siglos, hay reformas y variantes surgidas que dan lugar a que el sintoísmo actual sea un sincretismo (ensalada) de muchos componentes.
Del siglo VI a 1868 se desarrolla el sintoísmo imperial donde se ha integrado el budismo y se vive como una dictadura militar, con los gobernantes señores feudales (igual que los cristianos europeos). En 1868 cae ese modelo político ante la victoria de los sintoístas tradicionales (que no admiten tanto budismo) y que abandera la superioridad del japonés frente a cualquier otro pueblo, incluido el chino. Entonces el sintoísmo se convirtió en religión de Estado.
Estuvo fluctuando entre la tolerancia y la inquisición para alinearse con las constituciones europeas y en 1889 se optó por la libertad de culto, reconociendo que el estado japonés no tenía una opción religiosa definida ni los medios para reprimir las extranjeras (budismo, cristianismo, etc.). Ello dio lugar a que el sintoísmo se dividiera en tres ramas.

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